Ciencia y democracia : ¿cuál es la relación?

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In: Ludus vitalis: revista de filosofía de las ciencias de la vida Vol. 24, no. 46, (2016), p. 147-150Summary: A primera vista, la relación entre ciencia y democracia es positiva dado que la mayoría de las naciones con una fuerte tradición democrática son también las principales generadoras de conocimiento científico (excluyendo quizá como notable excepción a China). Por otra parte, las economías actuales más exitosas son aquellas basadas en el conocimiento y de nuevo encontramos la correlación positiva entre la magnitud de la actividad científica de las naciones y su nivel de bienestar. Así, la tríada positiva: ciencia, democracia, bienestar, parecería un hecho demostrado. Sin embargo, las correlaciones, aunque sugerentes, no son nunca pruebas contundentes de una relación causal. ¿Acaso la ciencia y sus resultados son la base de los estados ricos y democráticos? ¿O más bien aquellos estados que (por razones históricas diversas) optaron por la democracia son a su vez aquellos que tienen mayores recursos disponibles (derivados de un mayor desarrollo social) para dedicarlos a la ciencia? Por supuesto que es fácil apreciar y justificar que los gobernantes de un Estado democrático recurran a la ciencia y a los científicos como apoyo fundamental para definir políticas públicas en cuestiones de salud, infraestructura, sustentabilidad y energía. Aun así, existen muchos aspectos en los cuales la relación entre ciencia y democracia puede ser ambigua. Ludus vitalis
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A primera vista, la relación entre ciencia y democracia es positiva dado que la mayoría de las naciones con una fuerte tradición democrática son también las principales generadoras de conocimiento científico (excluyendo quizá como notable excepción a China). Por otra parte, las economías actuales más exitosas son aquellas basadas en el conocimiento y de nuevo encontramos la correlación positiva entre la magnitud de la actividad científica de las naciones y su nivel de bienestar. Así, la tríada positiva: ciencia, democracia, bienestar, parecería un hecho demostrado. Sin embargo, las correlaciones, aunque sugerentes, no son nunca pruebas contundentes de una relación causal. ¿Acaso la ciencia y sus resultados son la base de los estados ricos y democráticos? ¿O más bien aquellos estados que (por razones históricas diversas) optaron por la democracia son a su vez aquellos que tienen mayores recursos disponibles (derivados de un mayor desarrollo social) para dedicarlos a la ciencia? Por supuesto que es fácil apreciar y justificar que los gobernantes de un Estado democrático recurran a la ciencia y a los científicos como apoyo fundamental para definir políticas públicas en cuestiones de salud, infraestructura, sustentabilidad y energía. Aun así, existen muchos aspectos en los cuales la relación entre ciencia y democracia puede ser ambigua. Ludus vitalis

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